martes, 30 de noviembre de 2010

Voces

La lluvia ya le había empapado la ropa y comenzaba a sentir mucho frío, cuando la voz le dijo “mátalo”. Miró a su alrededor, la calle estaba desierta  y sólo un rectángulo de luz, proveniente de una tienda, se proyectaba sobre la acera mojada. “Debes matarlo”, repitió la voz. Volvió a mirar a uno y otro lado hasta que, de pronto, vio al niño chapoteando en el charco con el paraguas abierto bajo el chorro de agua que caía desde el alero; se reía divertido mientras miraba a hurtadillas hacia el interior de la tienda.
“Mátalo”, oyó de nuevo.

La lluvia había cesado por fin, pero en su interior sentía la desazón de no saber si la próxima vez sería capaz de detenerla una vez más; ni siquiera estaba seguro de que quisiera hacerlo. Era demasiado grande, cada vez mayor, el esfuerzo que tenía que hacer para obedecer las instrucciones de aquella voz.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Filandón 3.0

He recibido un correo de Alberto Flecha en el que informa de una actividad muy interesante y que creo vale la pena difundir para el buen éxito del proyecto. Como no voy a saber decirlo mejor que él mismo, reproduzco el contenido del correo:

Hola amigos.

Después de unos días de durísimo trabajo, el señor Manuel Ferrero y un servidor hemos preparado una actividad similar a la organizada por Pablo Gonz en junio y que tan bien resultó. En esta ocasión vamos a hacerla en nuestra ciudad, León, y será además abierta al público. En un local al efecto vamos a proyectar el blog y se leerán sobre la marcha algunos de los micros que vayan llegando. Durante el resto del tiempo actuarán en directo cuentacuentos y músicos.
Es una actividad completamente nueva, un experimento, así que confiamos en que salga todo bien.



Hemos decidido comenzar mañana con la promoción. Así que si a alguno le apetece colaborar con ella os enviamos el cartel y la dirección del blog que va a soportar la actividad digitalmente. Si queréis podéis poner el cartel en blogs, facebook, twitter... con un link hacia el blog http://filandon30.blogspot.com/

Y este es el cartel del evento.

Filandón 3.0

viernes, 26 de noviembre de 2010

Día internacional contra la violencia de género

Ana Vidal se empeñó en participar en el día contra la violencia de género leyendo unos microrrelatos y pronto nos contagió de su fuerza y entusiasmo. Desde luego, ella hizo todo y los demás nos limitamos a animarla desde la distancia y, en algunos casos, colaboramos con un micro sobre el tema.

Los leyó, nos lo contó y hasta puso a nuestro alcance el podcast con las lecturas.

Creo que estas pocas líneas sirven para definir a una persona. Yo no la conozco, pero ya tengo una cosa muy clara: no me gustaría tenerla como adversaria en ningún asunto.

En fin, como reconocimiento a Ana y a su esfuerzo, empeño y dedicación, aquí dejo los micros y el enlace al podcast con las lecturas de los micros.

martes, 23 de noviembre de 2010

Monstruos

La despertó su aliento de alcohol y tabaco y su cuerpo comenzó a temblar. Ahogó como pudo los sollozos porque no quería que sus hijos la oyeran. Intentaba desvestirse antes de que él le hiciera más daño arrancándole la ropa, mientras él forcejeaba y la insultaba y se enfadaba cada vez más.
La poseyó con violencia, pero ella todavía no sentía el dolor físico, eso llegaría después, ahora se desesperaba con sus gemidos y sus insultos temiendo que los niños pudieran oírle.
El suplicio duró unos minutos eternos, los que tardaron en llegar los golpes y una nueva avalancha de insultos, hasta que, agotado, se quedó por fin dormido.
Se levantó en silencio, se echó por encima lo primero que encontró, se limpió la cara de babas y sangre y se acercó a la habitación de sus hijos con el corazón encogido.
Comprobó aliviada que dormían y regresó a la cama.
Se despertó llena de angustia, estiró con miedo la mano hacia el otro lado de la cama: él todavía no había llegado.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Amor

Rebuscando en los cajones encontró su fotografía. Su corazón dejó de palpitar por un momento igual que le había ocurrido la primera vez que la vio hacía demasiados años.
Todavía recordaba su sonrisa alegre un tanto burlona cuando, después de su primera cita, le entregó esa fotografía diciéndole “para que no te olvides de mí”.
No habían vuelto a separarse. Un largo noviazgo, el matrimonio, los hijos, los primeros nietos. Habían vivido tantos años juntos, tantas cosas juntos, que todavía no sabía cómo se había acostumbrado a vivir sin ella.
Dejó la foto en el cajón y apuntó mentalmente que tenía que acordarse de ponerla en un portarretratos cuando ya no le doliera tanto verla.
Le alarmó un ruido procedente de la cocina y se apresuró a volver junto a su mujer, reprochándose haberla dejado sola.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Medidas contra la crisis

El gobierno había anunciado las medidas de ajuste para luchar contra la crisis y ya había adelantado las dos más controvertidas:

Se limitaría el número de trasplantes de cuerpo a tres por cerebro. La única excepción sería en el caso de políticos en ejercicio o de aquellos que lo hubieran estado durante dos años consecutivos o cuatro alternos. Esta excepción se justificaba en la necesidad de conservar en activo los privilegiados cerebros de nuestros prohombres.

La segunda medida, relacionada con la anterior, sería la eliminación de las ayudas a los trasplantados para la renovación de su vestuario personal. Se pretende con ello, que los afectados procuren escoger cuerpos con la misma talla que el anterior, de modo que no necesiten renovar por completo su vestuario y no se desechen prendas todavía en uso, con el ahorro consiguiente en fibras sintéticas (la mayoría obtenidas de productos derivados del petróleo) y naturales. Medida ésta que se enmarca en las ya adoptadas para una economía sostenible y una reducción de las emisiones de CO2.

Juan cerró el periódico y se acomodó entre los cartones que lo protegían del frío. Dentro de unas horas su compañero de banco le despertaría para que le relevase.
Se durmió pensando que quizás con estas medidas también disminuyese algo el peligro de los cazadores de cuerpos.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Amistad

Hacía varios meses que los años se le habían echado encima de repente. No era tan mayor, pero desde que su inseparable amigo envejeciera de pronto tras una corta enfermedad, que sin ser grave le metió de lleno en la vejez, parecía como si también a él se le hubieran contagiado los años.
Quizás por eso, últimamente no dejaba de pensar que su vida y la de su amigo estaban unidas por algún invisible conducto que les hacía correr la misma suerte y había llegado a convencerse de que cuando a su amigo se le agotara la vida también él perdería la suya.
Le quedaba poco tiempo, lo sabía. Además de las confidencias de su amigo, notaba cómo sus paseos se alargaban en el tiempo y se acortaban en las distancias recorridas. Sólo tenía que mirarlo a los ojos para ver en lo más profundo de ellos lo que ya se iba manifestado sin remedio en el exterior.
Pero no le preocupaba terminar su vida unos cuantos años antes de lo esperado para acompañarlo en el paseo definitivo. Mejor eso que la calle o un albergue para perros abandonados.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El paquete


Llegó a casa con el paquete, impaciente por saber su contenido. Pesaba poco, era pequeño, cuadrado y, debajo del vulgar papel marrón de embalar, notaba algo duro, plástico o madera; por el peso, seguramente sería de plástico.
El cartero había dejado la nota en su buzón esa mañana, mientras se encontraba en el trabajo, pero no ponía remitente, ni daba pista alguna, y él no esperaba ningún paquete.
Ya en su casa, cortó el envoltorio con las tijeras, dejando al descubierto una caja de plástico. La examinó y antes de abrirla, absudarmente, la agitó al lado de su oreja. La caja se abrió y de su interior cayó un objeto que fue a parar debajo de un armario. Se agachó, metió la mano debajo del mueble y a tientas encontró un objeto blando y un poco húmedo. Sintió algo de repugnancia. Tomó el objeto con dos dedos, tratando de tocarlo lo menos posible y en cuanto lo tuvo antes sus ojos lo soltó lleno de asco y horror.
Después se serenó, intentó convencerse de que se trataba de una broma y se agachó para observarlo más detenidamente. Pero no había manera de engañarse, era una oreja humana.
Incapaz de apartar los ojos de aquel órgano incongruente en medio de la alfombra, se tocó la venda que tenía en la cabeza. La herida había vuelto a sangrar.
Fue al bañó, destapó la herida y limpió cuidadosamente el lugar en el que debería estar su oreja izquierda.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

El último día

Hoy era su último día. En unas pocas horas vencería el plazo que le habían dado un año atrás.
No estaba impaciente, sino triste; por momentos desesperanzado, pero la mayor parte del tiempo animado por la esperanza de que ella viniera a verlo. Era menor el temor o el deseo de continuar como hasta ahora que la pena que le causaba su ausencia prolongada, quizás, definitiva.
La mañana avanzaba gris, lluviosa y desapacible, pero ello no impedía que la gente fuera llegando, lentamente, al principio, y en pequeñas y constantes oleadas, después.
La tumba estaba en una esquina del cementerio en una zona un poco elevada que le permitía ver con facilidad la entrada y las personas que se acercaban hasta allí.
Contempló la lápida sucia y sin adornos. En la losa de mármol, que un día fue blanco, sólo quedaban las manchas que habían dejado las últimas flores barridas por el viento hacía ya mucho tiempo.
Más triste que una losa desnuda lo es una manchada con los rastros del olvido.
La tarde se precipitó casi de repente en una noche sin lluvia y con un viento helado que arrastraba sin clemencia las flores que habían adornado por unas horas los recuerdos, la tristeza o la costumbre.
Él miró su tumba por última vez antes de desaparecer para siempre en el olvido.