domingo, 9 de enero de 2011

Despertar

Nada más despertarse sintió la angustia oprimiendo su pecho. Con los ojos cerrados, permaneció atento intentando oír de nuevo el sonido que le había despertado.
Era difícil contar el tiempo a oscuras y en silencio, pero ya estaba casi seguro de que el sonido sólo había existido en su sueño. No podía recordar lo que estaba soñando, pero, desde luego, debía de tratarse de una pesadilla, a juzgar por la desagradable sensación de catástrofe que le embargaba.
Miró el reloj de la mesita de noche al tiempo que volvió a oír la alarma del despertador.
De pronto lo comprendió todo: acababa de amanecer el primer lunes después de unas cortas vacaciones.

miércoles, 5 de enero de 2011

Miedo

Echó a correr incapaz de contener el miedo que sentía. Miraba a un lado y a otro y hacia atrás, presa del pánico. Estaba seguro de que le seguían y que en cualquier momento podían alcanzarlo o sorprenderlo a la vuelta de una esquina. Sabía que la gente le miraba, pero a él no le importaba, tenía que correr, llegar a casa y ponerse a salvo. No servía de nada entrar en un bar o en un comercio, siempre terminaban por descubrirlo y lo esperaban pacientemente hasta que el establecimiento cerraba y no tenía más remedio que salir a la calle; y entonces estaba perdido, porque ya no tenía ninguna escapatoria.
Por fin llegó al portal de su edificio, tuvo suerte, la puerta estaba abierta. Subió los cinco pisos corriendo, porque el ascensor era un lugar demasiado peligroso. Abrió la puerta de su casa torpemente, demasiado fatigado para que sus manos obedecieran a su cerebro. Cerró la puerta tras de sí con las llaves y los tres cerrojos que había añadido para tener más seguridad.
Revisó una a una las habitaciones, el baño, la cocina, hasta asegurarse de que no habían entrado en la casa antes que él.
Estaba muy cansado. Buscó en el frigorífico algo para comer y se sentó en el sillón  que estaba delante del televisor. Antes de encenderlo, se levantó, bajó la persiana por completo tratando de no hacer ruido y corrió la cortina para que no se vieran las rendijas de luz desde la calle.
Se sentó de nuevo, encendió el televisor y enseguida lo venció el sueño.
Cuando quiso darse cuenta ya era demasiado tarde, los monstruos ya estaban allí.