domingo, 26 de junio de 2011

Éxito

Se preparó a fondo durante muchos años. Se esforzó y sacrificó para poder alcanzar la meta. Renunció a muchas cosas porque tenía su objetivo puesto en la cima.
Hoy por fin lo había logrado. Había alcanzado el éxito definitivo, aquello que tantos ansiaban pero que sólo unos pocos privilegiados como él podían conseguir.
Pero estaba solo.

jueves, 23 de junio de 2011

Músico callejero

Cuando de joven soñaba con ser un gran violinista y vivir de la música nunca se imaginó que su sueño se haría realidad convertido en pesadilla.

Apostado en la esquina de la calle, con una pequeña caja de cartón a sus pies con algunas monedas como señuelo, tocaba el violín de forma mecánica, sin pasión, apenas con la técnica aprendida en sus primeros años de estudio y perfeccionada después con sacrificio y esfuerzo.

Estaba en una esquina apartada de las más comerciales porque le daba vergüenza tocar en la calle, ante gente que pasaba a su lado sin mirarlo, o ante otros que se detenían un momento y seguían su camino quizás por prisa, quizás porque su música los dejaba indiferentes, o ante los niños que se burlaban de él.

Ella se acercó y depositó en la caja, tímidamente, un billete de diez euros. El violín desafinó llevado por el movimiento nervioso de la mano del músico. Desde el billete levantó la vista hasta tropezarse con sus ojos. Eran verdes, tranquilos y desprendían una luz para él nunca vista.

  • Los diez euros son para que toques como tú sabes hacerlo – le dijo sin dejar de sonreir.


Pasó casi un minuto antes de que fuera capaz de preguntarle:

  • ¿Qué quieres que toque?

  • El Canon, de Pachelbel



Cerró los ojos, ajustó el violín sobre su hombro y comenzó a tocar como hacía años que no lo hacía. Tocaba para ella, pero, sobre todo, tocaba para sí mismo, recuperado de pronto el amor por la música que creía perdido hacía ya muchos años.

Terminó de tocar, abrió los ojos, no había nadie delante de él, tan sólo la caja de cartón a sus pies.

domingo, 19 de junio de 2011

Misterio

Me desperté en mitad de la noche y la casa era una polifonía de ruidos desconcertados. Sin atreverme a abrir los ojos, fui identificándolos uno a uno.

La lluvia golpeando los cristales.

El grifo goteando en el baño.

El viento colándose por una ventana mal ajustada.

La contraventana golpeando la fachada.

Poco a poco los fui clasificando hasta llegar al llanto del niño.

Fue el que más tardé en identificar. Mi mente no acertaba a dar con una respuesta que no estaba entre las posibles.

A la mañana siguiente le pregunté a la enfermera si alguien había traído un niño la pasada noche. Me miró como suele mirarme siempre que digo alguna estupidez o le repito la pregunta que me acaba de contestar.

No me quieren decir nada, pero a media mañana me fui a la parte de atrás de la residencia y andube hurgando en los contenedores de basura. Y encontré una prueba: un pañal de bebé.

Uno de los celadores me descubrió. Me había puesto perdido de tanto rebuscar entre los desperdicios, así que me dieron un baño, aumentaron la dosis de las pastillas y me castigaron una semana sin postre.

Pero no me importa. Ahora sé que tengo razón. Seguiré investigando hasta que averigüe por qué tienen a un niño en una residencia de ancianos.

jueves, 9 de junio de 2011

Adiós

El tren comenzó a avanzar lentamente. Él, de pié en su vagón, se despedía de ella que le veía alejarse desde el andén. De pronto vió como en su mano levantada se congelaba un adiós. Miró al fondo de la estación y le vió apoyado en la pared debajo del reloj que marcaba una hora incongruente. En ese momento supo que la había perdido.

El tren comenzó a curvarse obligado por los railes y la estación desapareció de su vista. El tren fue engullido por la oscuridad.

miércoles, 1 de junio de 2011

Sólo un acento

Un buen día no pudo sujetar más a sus demonios y, desde entonces, no volvió a ser el mismo o quizás empezó a ser él mismo.