domingo, 9 de septiembre de 2012

Por una cabeza

Llevaba varios meses en la ciudad y ya había bajado la guardia cuando la música comezó a sonar desprevenidamente en una calle casi desierta a aquellas horas de la tarde. Su corazón dió un vuelco y, de pronto, el mundo se paró. "Por una cabeza" sonaba en aquel violín callejero como si fuera el primer violín de la mejor orquesta sinfónica del mundo. Ese tango fué la banda sonora de su historia de amor con Laura, de su primera y única historia de amor que había durado quince meses y que le había llenado de nostalgia los últimos treinta años. Aquella misma calle, entonces casi totalmente ocupada por las terrazas de las cafeterías, había sido el escenario principal en el que se desarrolló su historia. En ella se conocieron y en ella pasaron muchas horas hasta que, también en ella, él le dijo que lo suyo había terminado. Desde entonces estaba seguro de ser el único hombre vivo sin corazón.
Sólo había vuelto a Gijón en apenas media docena de ocasiones desde entonces. Llegaba con el tiempo justo para algún asunto de trabajo, sólo cuando no podía eludirlo, y se iba en cuanto terminaba evitando ver nada de la ciudad porque no podía resistir los recuerdos que se mantenían agazapados esperando asaltarlo cuando tuvieran una oportunidad.
No sabía qué le había animado a instalarse en Gijón un mes atrás. ¿Quería que le asaltaran los recuerdos para que el dolor le asegurase que todavía estaba vivo? ¿Tenía la esperanza de volver a verla aunque se lo negara a sí mismo? No lo sabía, sólo sabía que aquella música le había golpeado con sus recuerdos como si le hubieran dado un puñetazo en la boca del estómago. ¡Señor, cómo dolía!
Cuando se recuperó lo suficiente para estar seguro de que no se desplomaría reinició la marcha con el aire decidido de quien ha tomado una decisión trascendental.